American Splendor: Historias cotidianas

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No soy un lector asiduo de cómics ni mucho menos un experto, y, por supuesto, no voy a descubrir ahora ese clásico que es American Splendor. Lo conocía por la excelente película de Shari Springer Berman y Robert Pulcini, con Paul Giamatti, gran premio del jurado en Sundance entre otros. La recomiendo encarecidamente a quien no la haya visto. Había leído algún capítulo suelto pero ahora en navidades me ha caído una antología con unas cuantas buenas muestras de lo mejor de esta serie, que también recomiendo, y aprovecho para comentarla un poco.

Harvey Pekar, su autor y protagonista (cuando no lo es explícitamente, tenemos peripecias de personajes muy similares) asume que el cómic es un arte tan bueno como cualquier otro para contar cualquier tipo de historia, sin estar obligado a centrarse en héroes, humor y en general, temas para niños y jóvenes. Quizá esto hoy suene a algo aceptado, pero no olvidemos que hablamos de los años 70. Su clave es la cotidianeidad, historias anticlimáticas que hablan de sucesos bastante comunes, pero por otro lado, constituyen un retrato complejo de ciertos sectores sociales, a caballo entre la clase obrera y los artistas más bohemios. Esta dualidad contribuye a conseguir un punto de vista diferente, con las pretensiones de un artista pero sin la superficialidad de ese mundo.

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Pekar no tiene miedo de mostrar sus defectos, presentándose como un personaje real, con el que nos podemos identificar, furioso a veces, con dificultades para controlar su ego, con buenas intenciones, con problemas psicológicos. Sobre todo, con una filosofía de vida muy particular, interesado por el arte y la cultura, por la historia y la política, y con una condición de looser sin ambiciones profesionales que choca de lleno con el modelo de éxito americano. Pekar afirma en una de sus historias, que prefiere vivir de su trabajo administrativo, pues le mantiene cerca de la gente sobre la que quiere escribir, en lugar de dedicarse por entero al cómic. Resulta, hoy en día, un punto de vista refrescante, en una sociedad que confunde cada día más industria con arte y que equipara el declive de la primera con el supuesto empeoramiento del segundo. A veces parece que olvidamos que Van Gogh sólo vendió un cuadro o que Mozart murió pobre. Es un buen ejemplo que uno de los mejores autores de cómics esté más interesado en dar a conocer su trabajo que en enriquecerse con ello.

http://xn--iakiortiz-l6a.com/archivos/imagenes/blog/a/american2.jpg Obsesionado por sus discos

En un crudo blanco y negro, desde las maneras desaliñadas y orgánicas de Robert Crumb (tan imitadas después) hasta el diseñó casi aséptico de Gerry Shamray, American Splendor nos coloca en medio de los barrios más grises de Cleveland, en el regateo de viejos discos de jazz. Se detiene en afinadas descripciones psicológicas de personas de la calle; ahonda en traumas, fracasos y frustraciones; y de paso, se permite algunas reflexiones sobre temas cotidianos que esconden un trasfondo muy profundo.

Una lectura gratificante, sin fuegos de artificio, que recomiendo.

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Iñaki Ortiz Gascón